Vuélvete a Él con todo tu corazón
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La historia del profeta Jeremías y de los últimos reyes de Judá

Lettice Bell - 2026

Las flores del almendro ilustran la primera visión de Jeremías. Estas flores, las primeras que se abren en primavera, representan la súplica insistente y llena de esperanza: “Vuélvete a mí”, una expresión que se repite una y otra vez en el libro de Jeremías. En un contexto de solemne advertencia, Dios envía a su profeta fiel con un ruego que despierte al pueblo indiferente y adormecido. La autora, de gran experiencia entre los jóvenes, quiso revivir para ellos toda la época de Jeremías y de los últimos reyes de Judá, tal como la presenta la Palabra de Dios. Muchas personas mayores aprovecharán para sí mismos las enseñanzas de estas páginas, cotejando siempre su contenido con el texto bíblico indicado, y podrán, con gran bendición, transmitirlas a los jóvenes confiados a su cuidado. Estas enseñanzas que Dios nos ha dejado, como toda su Palabra, “están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. 1 Corintios 10:11

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El hombre que quebró el yugo

Cierto día, el profeta vio una multitud reunida en el atrio del templo. Oyendo la voz de alguien que pronunciaba un discurso, apuró el paso para ver quién era el nuevo orador.

“Hananías”, un hombre bien conocido, arengaba al pueblo (Jeremías 28: …). El personaje, ávido de popularidad, no dudaba en falsear la verdad para hacerse valer, y presentaba las cosas de manera tan atrayente, que nadie se formaba una mala opinión de él.

El profeta se mezcló entre la gente y oyó que Hananías decía:

— “Así habló Jehová” (28: …).

¿Sería verdad que Dios se había dirigido a un hombre mentiroso para revelar su mensaje? En realidad, cualquiera puede afirmar: «Dios me ha enviado», sin que sea verdad.

Hananías no tardó en ver a Jeremías entre la multitud. Con desprecio, señaló con el dedo el yugo atado a su cuello y gritó:

— ¡Quítate ese objeto, y oye mi mensaje! «Dentro de dos años, todos los utensilios de la casa de Jehová» que fueron llevados a Babilonia, y todos los transportados que fueron cautivos junto a Joaquín, volverán a Jerusalén (28: …). 

En los rostros de los reunidos se leía el gozo que les procuraba esta palabra: dos años, ¿no eran mucho mejor que setenta? 

Invadido por la tristeza, Jeremías recorrió con la mirada a la multitud entusiasmada.

— «Dios quiera que Hananías tenga razón», dijo. El tiempo revelará quién dice la verdad (28: …). 

Cuando Jeremías terminó de hablar, su adversario se precipitó sobre él, le arrancó el yugo del cuello, y echándolo al suelo, “lo quebró” (28: …).

Entre los presentes se hizo un silencio pesado, y Hananías exclamó con un temblor en la voz:

— “Así ha dicho Jehová: De esta manera romperé el yugo de Nabucodonosor, dentro de dos años” (28: …). 

“Jeremías siguió su camino”, desanimado al considerar la inutilidad de sus numerosas profecías (28: …). Pero Dios habló a su corazón abatido:

— Vuelve sobre tus pasos, dijo, y di a Hananías que los yugos de madera se quiebran con facilidad, pero mi palabra no puede ser quebrada. Israel servirá a Babilonia bajo “yugos de hierro” (28: …).

El siervo de Dios obedeció de inmediato.

Con voz segura, se dirigió al improvisado profeta que el pueblo rodeaba todavía: 

— ¡Oye ahora, “Hananías! Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo”; te advierto que morirás en este año porque hablaste palabras de rebelión contra Dios (28: …). 

Efectivamente, “Hananías murió” dos meses más tarde (28: …). De manera que los que habían oído su predicación, no tenían excusa de haber creído a su palabra cuando, quebrando el yugo, había dicho «dos años» en vez de «setenta años».