La lección de valor
Ante los ojos del profeta se presentó una “ciudad fortificada”, de murallas inexpugnables: Dios demostró a Jeremías que lo había fortalecido con la fortaleza de esa ciudad (1: …).
Después vio una “columna de hierro” que se elevaba por encima de él; parecía que nada podría hacerla caer. El muchacho tímido comprendió que Dios podía hacerlo tan resistente como ese pilar de hierro (1: …).
Al fin, lo rodearon fuertes «murallas de bronce» (1: …). Altas, macizas, indestructibles. Maravillado, Jeremías miró a su alrededor: el muro resplandeciente no tenía defectos. “Pelearán contra ti, pero, a pesar de todos sus esfuerzos, no te vencerán; porque yo estoy contigo, y soy tu fuerte protector” (1: …).
Desde entonces, el «Yo no puedo» del joven, vino a ser un “todo lo puedo” ante cada una de las dificultades (Filipenses 4: …). Dios lo había fortalecido; lo mantuvo firme, según su promesa, y fue como un muro a su alrededor. Y una voz poderosa murmuró a su oído: “Jehová está alrededor de su pueblo” (Salmo 125: …).
