En peligro
Después de la muerte de Josías, la vida de Jeremías se tornó cada vez más difícil.
Al comenzar el reinado de Joacim, el profeta fue enviado de nuevo a anunciar la Palabra de Dios “en el atrio de la casa de Jehová” (Jeremías 26: …).
Esta vez estuvo a punto de perder la vida. Interrumpiendo su predicación, sus oyentes gritaron indignados:
— ¡Prendedle! ¡Debe morir! ¿Cómo se atreve a decir que nuestra ciudad será destruida?
Manos furiosas se apoderaron de él, diciendo:
— “De cierto morirás”. Todos gritaban a la vez, y llenos de odio se juntaron contra el profeta que no temía decir la verdad (26: …).
En medio del griterío, una procesión de “príncipes” se encaminaba lentamente desde la casa del rey, hacia el atrio del templo (26: …).
Los sacerdotes enfurecidos salieron a su encuentro, y la multitud se apaciguó, deseosa de oír lo que se diría. Señalando a Jeremías con el dedo, repetían:
— “En pena de muerte ha incurrido este hombre” por las palabras que ha dicho contra nuestra ciudad (26: …). Mientras vivía Josías, nadie se hubiera atrevido a decir en público que había que matar a Jeremías, pero el pueblo siempre había procurado su muerte, complotando en secreto en su contra. Pero Josías había muerto. Hilcías había muerto, y Safán también. ¿No había quién tomara la defensa del profeta solitario?
“Ahicam”, el hijo de Safán, estaba dispuesto a hacerlo, y se puso de su parte (26: …), y el mismo Jeremías abogó con tanta convicción su propia causa que, finalmente, tanto los príncipes como el pueblo afirmaron:
— “No ha incurrido este hombre en pena de muerte” (26: …).
Así escapó Jeremías del nuevo peligro que le amenazaba, hecho notable, pues que Joacim, en su tiranía, había condenado a muerte a Urías, otro profeta de Dios. Urías proclamaba un mensaje semejante al de Jeremías, y no parecía haber razón para matar a uno, y otorgar la vida al otro.
Urías había huido, hallando asilo en Egipto, pero Joacim ordenó a Elnatán, su suegro, que partiera de inmediato y trajera de vuelta al fugitivo. Descubierto, Urías fue arrastrado ante el rey quien, en su crueldad, lo mató con su propia “espada” (Jeremías 26: …).
— ¡Qué liberación! exclamó orgullosamente la reina Nehustaa. Llevamos las de ganar si nos deshacemos rápidamente de gente como esa.
Dios miró el corazón de Nehusta, y le habló:
— “¿Qué dirás”, oh reina (Jeremías 13: …), cuando te reprenda, cuando te entregue a ti y a tu hijo “en manos de aquellos cuya vista temes, sí, en mano de Nabucodonosor, el rey de Babilonia”? (Jeremías 22: …).
El nombre “Nehusta” significa «bronce». Pero esta reina no fue firme como el bronce el día en que llegó lo que tanto temía.
- aNota del Editor: Nehusta, hija de Elnatán, fue la madre de Joaquín (Conías o Jeconías) (2 Reyes 24:8).
