El Espíritu Santo
El Espíritu Santo

H. L. Heijkoop - 2026

La gran verdad del Nuevo Testamento consiste en que Dios es trino y que se nos reveló como Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. ¿Cuántos cristianos son conscientes de que el Espíritu Santo no es tan solo un poder o una influencia, sino verdaderamente una Persona divina? ¿Cuántos son los que saben que el Espíritu Santo mora en ellos? ¡Qué efecto se produciría en nuestra vida si verdaderamente tuviéramos conciencia de que Dios el Espíritu Santo mora en todo creyente y que Él quiere regir y dirigir nuestra vida! ¡Qué diferencia habría si supiéramos que Él también mora en la Asamblea y que en ella quiere dirigirlo todo según sus pensamientos y utilizar a quien Él quiere! Escudriñemos, pues, las Escrituras y recibamos en nuestros corazones, para ponerlo en práctica, lo que ellas nos enseñan sobre Dios el Espíritu Santo.

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Introducción

La gran verdad del Antiguo Testamento es que hay un solo Dios, conocido como el Creador, el Todopoderoso y Jehová (o el Eterno) (Deuteronomio 6:4). El diablo incesantemente ha intentado falsear y destruir esta verdad arrastrando a los hombres lejos de Dios y dirigiendo sus corazones hacia falsos dioses (1 Corintios 8:5).

La gran verdad del Nuevo Testamento consiste en que Dios es trino y que se nos reveló como Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. Efesios 4:4-6 nos presenta claramente esa Trinidad por medio de tres círculos cada vez más amplios (ver también 1 Corintios 8:6; 1 Timoteo 2:5). Precisamente contra esta verdad del cristianismo Satanás dirige todos sus ataques. Sabe que la fe cristiana subsiste merced a esta verdad y que, si prescinde de ella, cae. Por eso Satanás, sirviéndose de una incredulidad trivial, niega la existencia de Dios y pone en tela de juicio la divinidad de Cristo o su real humanidad. Y ha logrado que para miles de creyentes se oscureciera de tal manera la revelación bíblica del Espíritu Santo que esos creyentes se hallan en la práctica en el estado de los creyentes judíos mencionados en Hechos 19:1-4, quienes aún no habían llegado a ser cristianos.

¿Cuántos cristianos son conscientes de que el Espíritu Santo no es tan solo un poder o una influencia, sino verdaderamente una Persona divina? ¿Cuántos son los que saben que el Espíritu Santo mora en ellos? Sin embargo, Romanos 8:9 dice expresamente que, si alguno no tiene el Espíritu Santo, ¡no es de Cristo!

¡Qué efecto se produciría en nuestra vida si verdaderamente tuviéramos conciencia de que Dios el Espíritu Santo mora en todo creyente (Efesios 1:13; 2 Corintios 1:22) y que Él quiere regir y dirigir nuestra vida! ¡Qué diferencia habría si supiéramos que Él también mora en la Asamblea (Efesios 2:22; 1 Corintios 3:16) y que en ella quiere dirigirlo todo según sus pensamientos y utilizar a quien Él quiere! ¡Qué resultado se produciría si nos diésemos cuenta de que le contristamos cuando no le dejamos dirigir nuestra vida (Efesios 4:30) e incluso podemos apagarlo cuando no nos sometemos a su dirección en nuestra vida de asamblea! (1 Tesalonicenses 5:19).

Escudriñemos, pues, las Escrituras y recibamos en nuestros corazones, para ponerlo en práctica, lo que ellas nos enseñan sobre Dios el Espíritu Santo.