El Espíritu Santo
El Espíritu Santo

H. L. Heijkoop - 2026

La gran verdad del Nuevo Testamento consiste en que Dios es trino y que se nos reveló como Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo. ¿Cuántos cristianos son conscientes de que el Espíritu Santo no es tan solo un poder o una influencia, sino verdaderamente una Persona divina? ¿Cuántos son los que saben que el Espíritu Santo mora en ellos? ¡Qué efecto se produciría en nuestra vida si verdaderamente tuviéramos conciencia de que Dios el Espíritu Santo mora en todo creyente y que Él quiere regir y dirigir nuestra vida! ¡Qué diferencia habría si supiéramos que Él también mora en la Asamblea y que en ella quiere dirigirlo todo según sus pensamientos y utilizar a quien Él quiere! Escudriñemos, pues, las Escrituras y recibamos en nuestros corazones, para ponerlo en práctica, lo que ellas nos enseñan sobre Dios el Espíritu Santo.

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Dirección del Espíritu Santo en las reuniones

En un apartado precedente hemos visto que la posesión de un don implicaba al mismo tiempo el mandato de ejercitarlo. Pero el obrero no puede fijar por sí mismo dónde, ni decidir por su propia cuenta cuándo debe hacer uso de su don. En todo depende del Espíritu Santo, quien quiere dirigirle en todo sentido.

Es el caso particular de las reuniones de asamblea. El Espíritu Santo está presente en ellas de modo especial, ya que mora en la asamblea (1 Corintios 3:16; Juan 14:17; etc.). Y Él desea emplear allí a quien Él quiere y en el momento en que quiere. También quiere dar lo que debe ser presentado, pues solo Él sabe cuáles son las necesidades de las personas presentes. No me refiero a la reunión en torno a la Mesa del Señor, pues en el culto no se ejercita ningún don, ya que entonces nos reunimos como familia sacerdotal.

¿Qué hermano podría medir exactamente las necesidades de los hermanos y hermanas presentes, o de los niños, o aun de personas extrañas? Puede presumirlas e intentar dar algo de la Palabra de Dios que responda a esas necesidades. En cambio, el Espíritu Santo conoce perfectamente los corazones. “Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10; Romanos 8:26 y 27). También conoce perfectamente las necesidades de todas las personas presentes. Por ello es importante prestar cuidadosa atención a la dirección del Espíritu Santo y dejarnos conducir por Él en nuestras reuniones.

Ello no es aplicable solo a quienes presentan la Palabra. El Espíritu Santo desea preparar los corazones —por medio del primer cántico o cánticos o por la o las oraciones— para recibir lo que Él quiere dar en esas reuniones. Por eso, ¡cuán necesario es que quien indique un cántico u ore lo haga dependiendo de Él! No porque considere que el cántico es hermoso, sino porque el Espíritu Santo suscita en su corazón ese cántico para ese momento y le da la libertad de indicarlo. Si anuncia un cántico que no es apropiado, los hermanos a quienes el Espíritu Santo quiere emplear para hablar en esa reunión se sentirán desorientados. Y si éstos, bajo la dirección del Espíritu, presentan a pesar de todo el tema apropiado, la unidad del servicio se verá perturbada.

Ello también permite ver cuán peligroso puede ser el hecho de que el hermano que indicó el primer cántico o pronunció la primera oración sea también quien hable. No podemos decir que ello esté siempre fuera de lugar, pues el Espíritu Santo tiene la libertad de emplear a quien quiere. En asambleas pequeñas, en las que no hay más que dos o tres hermanos, el Espíritu Santo empleará a menudo al mismo hermano. Sin embargo, se corre el peligro de que el hermano en cuestión tome sus propios pensamientos como dirigidos por el Espíritu Santo o incluso que, conscientemente, dirija él mismo a fin de que el cántico, la oración y la meditación formen un todo, aunque no una unidad producida por el Espíritu. Por cierto que no siempre el primer cántico es el que indica la sucesión de pensamientos de la reunión. El hermano que presenta un tema completamente distinto tiene que estar muy seguro de que el Espíritu Santo lo quiere así.

Es verdad que el Espíritu Santo emplea con más frecuencia —o quizás únicamente— lo que ha sido primeramente de bendición para el corazón de quien habla y le ha enseñado algo para su vida práctica. Sin embargo, entre ambas circunstancias frecuentemente ha transcurrido un lapso. A menudo el Espíritu Santo ejercita el corazón de un hermano en particular en tanto que toda la asamblea no tiene necesidad de este ejercicio. Y la mayor parte del tiempo no es posible presentar un asunto que justamente estamos en vías de aprender. Por ejemplo, un hermano que se encuentra en el estado de Romanos 7 ¿podría hablar para edificación de los oyentes? Es imposible. Sólo después de haber aprendido la lección de Romanos 7 y experimentado la liberación de Romanos 8 podrá presentar tranquilamente lo que haya aprendido.

Por lo tanto, cuán importante es que la dirección de las reuniones sea enteramente confiada al Espíritu Santo. Incluso el hermano más dotado no sabe positivamente si el Espíritu Santo quiere emplearlo en una reunión determinada. Y nadie sabe de qué se hablará, ni siquiera aquel que probablemente hable. Entonces todos aguardan tranquilamente la dirección del Espíritu en cuanto a aquel que Él quiere emplear. Él dará, al corazón de aquel hermano o hermanos a quienes emplee, la plena seguridad acerca de los pensamientos de la Palabra de Dios que deben presentar. Quizá sea un pasaje que no han considerado desde tiempo atrás y sobre el cual no podrán explayarse tan cómodamente como sobre un asunto meditado poco antes de la reunión. Pero si igualmente se someten a la dirección del Espíritu Santo, éste pondrá en sus mentes los pensamientos apropiados para exponer. Entonces no es aquel que habla quien satisfará los sentimientos de los oyentes con una meditación fluida y profunda y quien sea honrado por ello, sino que es el Espíritu Santo quien responderá a las verdaderas necesidades del corazón y la conciencia, incluso tal vez por medio de débiles palabras. Y eso es lo único que importa. ¿Seremos menos bendecidos cuando nos colocamos enteramente bajo la dirección del Espíritu Santo según la Palabra de Dios que cuando obramos según nuestros propios pensamientos? Es posible que los sentimientos o la inteligencia queden menos impresionados. Pero no es el pensamiento de Dios obrar en primer lugar sobre la inteligencia o los sentimientos. El pasaje de 1 Corintios 14:23-25 nos dice que la verdadera bendición reside en la manifestación de lo oculto del corazón.

Todo ello, naturalmente, no es aplicable a las reuniones especiales para presentar ciertas verdades. En ese caso, el tema propuesto y la persona que expondrá al respecto son conocidos de antemano. No se trata de una reunión de asamblea en el sentido estricto del término. Tampoco es válido, directamente, para las reuniones de evangelización. No obstante, si para estas últimas no se ha anunciado ningún tema, Dios dará por cierto una amplia bendición si aquel que habla se sujeta a la dirección del Espíritu Santo también en lo que concierne al pasaje a presentar.