Para librarte del mal camino
“Para librarte del mal camino... de la mujer extraña.”
Proverbios 2:12, 16
El primer
efecto de la salvación consiste en ser librados de la condenación del pecado.
Esa liberación se adquiere creyendo en el Señor Jesús, muerto por nuestros
pecados. ¿Cree que es un pecador perdido, que el Hijo de Dios dio su vida por
usted? Si su respuesta es afirmativa, entonces usted es salvo, tiene vida
eterna y “no vendrá a condenación” (Juan 5:24).
Pero la
salvación no para aquí. Todos los días necesitamos ser librados del poder del pecado que por naturaleza
estará en nosotros hasta el fin de nuestra vida terrestre.
Cada período
de nuestras vidas tiene sus peligros, porque la codicia y el orgullo no tienen
límites en este mundo. Pero, sin duda, la juventud está particularmente
expuesta a ellos, a causa de los impetuosos deseos de la carne, la cual todavía
no ha sido quebrantada, y por la inexperiencia de la vida.
Pocas veces los padres ponen clara y
suficientemente a sus hijos en guardia contra las codicias de la juventud. Hay
en nosotros un falso pudor que consiste en evitar todo diálogo sobre “las
pasiones juveniles”. A menudo esta actitud acarrea consecuencias nefastas. Si
los padres no enseñan a sus hijos los misterios de la vida y los peligros a los
que la juventud está expuesta, éstos corren el riesgo de recibir una
información distorsionada y ser corrompidos antes de recibir una buena
instrucción.
Es bien
sabido que muchos jóvenes caen en el vicio por falta de información. Y las
solas advertencias de los padres no son suficientes. ¡Ay!, con frecuencia son
ineficaces porque no son escuchadas
ni recibidas, o no se les presta atención (Proverbios 1:8; 2:1;
3:1). Pero Dios ha hablado suficiente y muy claramente. Los jóvenes que poseen
la Palabra de Dios son responsables. Querido joven, usted tiene un medio seguro
para vivir una vida pura (Salmo 119:9). ¿No es conmovedora la solicitud de la
Sabiduría para sus hijos? ¡Qué energía en sus enseñanzas, qué solemnidad en sus
advertencias! ¿Quién podría leer los Proverbios sin sentirse tocado? ¿No
contienen ellos todo lo necesario para ablandar el corazón y hacerlo temblar
con un temblor santo?
En los
Proverbios, la mujer extraña representa la codicia en general, de manera que la
exhortación no se dirige a los varones únicamente. Creyendo en el Señor Jesús,
las jóvenes también se convierten en hijas de la Sabiduría. Sin embargo, no se
debe descuidar la aplicación literal de estos pasajes de los Proverbios que
ponen al joven en guardia contra la mujer extraña.
Generalmente
es peligroso que un joven y una chica mantengan relaciones amistosas continuas
que no tengan por objetivo un casamiento cercano. Muchas veces, cuando esas
relaciones terminan, quedan dolorosas heridas en el corazón que se ha creado
una falsa expectativa matrimonial. El noviazgo –es decir, la promesa recíproca
de tomarse por marido y por mujer– es reconocido por Dios; pero no sucede lo
mismo con la costumbre de salir con un muchacho o una muchacha. Estas
relaciones no tienen ninguna razón de ser, e incluso son peligrosas cuando sólo
tienen por objetivo un casamiento eventual o lejano. No hablo del joven y la
señorita que muy temprano sientan un afecto particular el uno por el otro, ni
de los novios que por diferentes motivos se ven obligados a aplazar su
casamiento. Hablo de los que salen uno con otro sin intenciones serias. Estas
relaciones han hecho perder un tiempo extremadamente precioso e irrecuperable a
muchos jóvenes. Distraídos por las concupiscencias, descuidan la lectura de la
Palabra de Dios; y si la leen, aunque sea regularmente, son incapaces de
meditarla, único medio de asimilarla. El corazón, donde se debe «rumiar» la
Palabra, saborea otros placeres.
De este
camino muchos no han regresado, y no han podido alcanzar “los senderos de la
vida” (Proverbios 2:19). Aquel hijo ha cometido casi toda clase de mal “en
medio de la sociedad y de la congregación” (Proverbios 5:14). Ése ha quemado
sus vestidos y éste sus pies (Proverbios 6:27-28). La mujer extraña a muchos ha
hecho caer heridos, y a otros ha matado (Proverbios 7:26). Por la codicia uno
se desvía del camino; se corre el peligro de deshonrar al Señor y manchar a la
asamblea; se escapa con vergüenza de una caída peor, o se vuelve incapaz de
caminar. Al final, uno cae, naufraga en cuanto a los propósitos de Dios para su
vida.
Querido
joven, he aquí un consejo: No piense demasiado en el casamiento antes del
tiempo conveniente. Consérvese puro con miras a una unión legítima. No crea a
los que dicen que la castidad es algo anticuado y que no es posible
conservarla. Así evitará pérdidas irreparables y muchas tristezas. Si Dios le
concede contraer matrimonio, usted hallará una felicidad pura y profunda, no
manchada por recuerdos vergonzosos.
Por ahora, piense sobre todo en el amor
de su Salvador. Aplique su corazón en reconocer los derechos que él ha
adquirido sobre usted a través de los sufrimientos indecibles de la cruz.
Ocúpese en su Palabra, en su voluntad. Tome a pechos el deseo del Señor,
expresado la noche que fue entregado: “Haced esto en memoria de mí” (1
Corintios 11:23-26), e interésese en anunciar su muerte con los redimidos
congregados alrededor de su Mesa el primer día de la semana. Reconozca
humildemente la autoridad que Él ejerce en la Iglesia durante su ausencia.
Estudie con asiduidad e inteligencia la Palabra, a fin de guardarla. Si ama los
intereses del Señor mientras él es rechazado en la tierra, experimentará que él
se ocupa de todo lo que le concierne con gran sabiduría y un amor inmenso.
Recuerde que “el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra”
(Proverbios 27:18). “Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará”, dijo Jesús
(Juan 12:26).
Ocupado con Jesucristo, su corazón
estará bien guardado. Si un día usted debe tener una esposa, o un esposo, él o
ella será preparado y conservado para usted. Entonces, en la misma posición y
comunión, les será más fácil estar en un mismo sentir para servir juntos al
Señor. Quien los haya guardado fielmente a ambos y el uno para el otro, con
seguridad los conducirá a la Ribera eterna.
H.C.
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