Embajadores
“Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.
2 Corintios 5:20
Definición
Un embajador —según lo explica el
diccionario— es el representante de la persona misma del Jefe de Estado que le
envía y acredita cerca del de otro Estado extranjero. O en un sentido más
amplio: cada persona encargada con un mensaje.
Dios es este Jefe y el cielo el país. El
estado extranjero, con toda la fuerza del término, es evidentemente el mundo y
el Evangelio es el mensaje a transmitir. Entonces, ¿quienes son estos
embajadores, si no los cristianos, los mensajeros del buen nombre de Cristo
delante de los hombres? Dios se hizo representar en otro tiempo por los
profetas y después por su propio Hijo (Hebreos 1:1). Y ahora sus hijos son sus
delegados permanentes para hacer conocer su voluntad y su amor.
Cualidades
Un embajador es más notable cuanto más
grande es el país que representa. Esta noble función no puede ser confiada a cualquier
persona; la elección de este alto diplomático reviste, pues, una gran
importancia. ¿Qué imagen va a dar del país que representa? En lo que se refiere
a nosotros cristianos, si estamos sentados “con príncipes” y heredamos “un
sitio de honor” (1 Samuel 2:8), nunca debemos olvidar que es la gracia soberana
de Dios la que nos ha llamado a ocupar tal posición.
Formación
¿Qué debe enseñarse a este candidato
durante sus años de formación? Sin duda, primero, todo lo relacionado con su
país de origen; debe conocer perfectamente las leyes, la historia, las
fronteras. A continuación se le debe advertir acerca de los problemas con los
que podrá encontrarse en tierra extranjera.
Ejercicio de su función
El embajador, una vez que ha sido
escogido, recibe sus credenciales para el país al que será enviado —él no lo
escoge—, en el cual será como el estandarte del suyo. No será solamente juzgado
en función de sus palabras y de los discursos pronunciados. Se le llamará
«Excelencia»; por lo tanto, será necesario que sobresalga en todo. Aquellos que
traten con él sin conocer su país se harán una imagen del mismo a través de él.
Honorabilidad, distinción de carácter, de educación, esto y mucho más es lo que
se espera encontrar en un hombre de su categoría.
¿Significa esto que sus condiciones de
vida serán fáciles? Claro que no, en principio, porque su trabajo se
desarrollará en un país extranjero. Será observado, comparado con los demás;
siempre deberá estar atento a su conducta y poco será el tiempo que tendrá para
sí. Su esposa y sus hijos serán asociados a su vida pública; la manera como se
conducen repercutirá sobre la opinión que se tendrá de él, y, por lo tanto, de
la autoridad que representa. Conocemos la buena impresión que tuvo la reina de
Sabá al ver el comportamiento y los vestidos de los siervos de Salomón (1 Reyes
10:5). A menudo se pronuncia la frase «Nobleza obliga», que el profeta Isaías
describe así: “El noble medita nobles cosas, y en las cosas nobles está firme”
(32:8, B. de J.)
Relaciones con su país de origen
Por medio de cualquier sistema de
comunicación, el embajador está en permanente contacto con el Jefe de Estado
que representa. Recibe consignas que le son dictadas desde la metrópolis en
relación a sus actitudes y a las gestiones que debe hacer. Informa, hace
peticiones de dinero, de recursos, justificadas por las necesidades del puesto
que ocupa. Si obra con vistas al buen ejercicio de su función, sus demandas
siempre obtendrán respuestas positivas. Tiene acceso prioritario para hablar
con su Jefe de Estado, de quien debe poseer y conservar su plena confianza. Por
lo general, sabrá lo que a él le gusta y lo que no. En efecto, a veces deberá
actuar sin instrucciones precisas, pero sin perder de vista que luego tendrá
que dar cuentas de todo lo que hizo.
Mensaje
Recibe, traduce y transmite fielmente
las consignas de aquel de quien es portavoz. Es necesario que se le tome en
serio, que se le escuche. Si esto no ocurre, las relaciones diplomáticas pueden
comprometerse gravemente. El ultraje que hizo Hanún a los enviados de David fue
una verdadera declaración de guerra al mismo David (2 Samuel 10).
Aplicación práctica
Es fácil de hacerla ¿verdad? Todos los
detalles de esta pequeña descripción pueden ser transpuestos en el cristiano.
El Reino de Dios tiene sus embajadores en el reino de este mundo. Los que me
están leyendo lo son y yo mismo también. Es una función envidiable, ya que ni
los mismos ángeles, por más ministros del reino de los cielos que sean,
anuncian el Evangelio. Pero, también es una función temible que requiere
responsabilidad. No sólo la ejercemos en un territorio extranjero, sino también
enemigo. Por esta razón, los embajadores de Cristo no son cubiertos de flores
(como es costumbre en ciertos países de Oriente), sino que sufren oprobios y a
veces cadenas.
Así era Pablo, quien se designa en
Efesios 6:20 como “embajador en cadenas”. Pero veámosle en Hechos 26 delante
del rey Agripa (perteneciente a la siniestra familia de Herodes) prisionero,
entregando su mensaje con toda la dignidad y la superioridad moral que le
concede su alta función. Representa a Cristo, anuncia a Cristo; predica la
maravillosa nueva de la reconciliación. Nosotros que también tenemos este honor
y esta responsabilidad, no le traicionemos.
J.
Kn.
© Ediciones Bíblicas - 1166 Perroy (Suiza)
Se autoriza sacar fotocopias de este folleto para
uso o difusión personal. En este caso, utilizarlo en
su integralidad y sin cambios.